jueves, 12 de marzo de 2009

La inteligencia y el CI: ¿relaciones peligrosas ?

Es frecuente escuchar que se utilice el denominado Coeficiente Intelectual (CI) como sinónimo de inteligencia. Sin embargo, es necesario aclarar que eso acarrea ciertos riesgos y es -en sentido estricto- incorrecto; de hecho, el CI no es sinónimo de inteligencia ni tampoco la mide.

- La concepción más utilizada de esta medida (CI por desvío) fue propuesta por D. Weschler, creador de uno de los test de inteligencia más reconocidos y citados en la literatura especializada en sus distintos formatos y versiones (WIPSI – WISC – WAIS). Weschler entiende que la inteligencia es una capacidad global y agregada, que implica un pensamiento racional, capacidad de actuar deliberadamente y de relacionarse con el medio circundante de manera efectiva. La inteligencia comprende, de esta manera, tanto factores intelectuales como no intelectuales. Desde esta concepción, el autor aclara que su prueba evalúa específicamente la capacidad intelectual, y que si bien es parte de la inteligencia, no la agota. Con su técnica entonces permite estimar un conjunto de habilidades cognitivas que forman parte del comportamiento inteligente y no la inteligencia de la persona en términos absolutos.

- El CI sí es una medida normatizada que refleja la posición relativa que un sujeto tiene con respecto a un grupo normativo -considerado de referencia en cuanto a ciertas variables como edad y región-, a partir del cual se estandarizó la prueba. Es decir, permite comparar el rendimiento del sujeto -en esa prueba y en ese momento- con el desempeño promedio de la población a la que pertenece y determinar su ubicación relativa. Así, el CI mide el desempeño de un sujeto expuesto a una diversidad de estímulos (verbales y de ejecución) que tiene que resolver, posibilitando la evaluación de una serie de habilidades cognitivas.

Otra cuestión, no menor, es el uso que se hace de la información provista por la técnica alude a que los datos recogidos deberían ser integrados con otros (provenientes de otras fuentes como tests, observaciones, historia de vida, condiciones socioeconómicas y culturales), con el fin de reunir elementos suficientes para realizar un diagnóstico lo más integrado y completo posible de la persona evaluada. Un diagnóstico abierto y flexible que, lejos de estigmatizar y evidenciar lo que la persona no es capaz de hacer (justificando así su condición y hasta tal vez también determinando su futuro), permita comprenderla y mostrar un posible punto de partida para contribuir a potenciar sus capacidades y su desarrollo pleno.

S.J.

Es muy recomendable el libro “Test Psicológicos” de Anastasi y Urbina, del cual fue extraída la información presente.

Se agradece mucho la participación de la Dra Castañeiras en la revisión y corrección del texto.

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